jueves, 19 de diciembre de 2013

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La señora Espalgato

La señora Juliana vuelve a llenar las copas y se seca la nariz con el pañuelo de papel que ya no huele a menta sino a coñac. ¿Un secreto? ¿Desde cuándo ser viuda se mantiene en secreto? Antes, cuando una mujer enviudaba se vestía de negro de arriba abajo y no se quitaba el lito hasta olvidarse de por qué lo llevaba. Dejaba de ser "señora de" para convertirse en la "viuda de", en un ser desmembrado, como si hubiera perdido un apéndice del cuerpo. Y, a partir de ese momento, estaba obligada a añadir la coletilla "que en paz descanse" cada vez que se refería a su difunto marido, de quien había que hablar bien y mucho. Había conocido a infinidad de viudas: su abuela siempre había sido viuda, y su madre; luego estaban sus tías, también viudad, y la mayoría de las mujeres del barrio también lo eran. Todas hablaban siempre de sus maridos, que Dios los tuvieron en la gloria, a quienes el transcurso de los años les había investido de una pátina de santidad que les atribuía cualidades que nunca habían tenido, magnificando lo bueno y olvidando lo malo.


La señora Espalgato de Núria Barroso

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